• La feminista de los brillos

Kate Millett y la emancipación de las mujeres


Han pasado 51 años desde que Kate Millett, doctora en filosofía, escritora, artista estadounidense y feminista radical de los años setenta, publicó su tesis doctoral Política sexual, en la que teorizó sobre la situación de las mujeres y le dio nombre a ese “malestar” que sentían –y seguimos sintiendo–, EL PATRIARCADO. Hoy, su legado continúa vigente y nos sirve para entender por qué seguimos luchando por la emancipación de las mujeres.


Kate Millett, conceptualiza la opresión de las mujeres a partir de un análisis histórico y cultural, define al patriarcado como un sistema social y político que establece relaciones de poder asimétricas con base en la diferencia sexual, en donde los hombres dominan a las mujeres y a los hombres jóvenes. El patriarcado se adapta a cualquier régimen y cultura; en la esfera privada, la sexualidad, el matrimonio, la familia y el amor romántico, son sus principales instrumentos de dominio; en la esfera pública, sus cómplices son las ciencias sociales y naturales, la literatura, el gobierno, el ejército, la policía y la religión.


Afirma que la opresión se perpetúa porque socializa a ambos sexos mediante ideologías que favorecen la superioridad masculina, que establecen los roles de género y que se fundamentan en el temperamento, el papel sexual y la posición social. El sistema funciona porque las mujeres asimilan y transmiten las enseñanzas patriarcales, lo hacen –no por masoquistas o malvadas–, sino porque fueron colonizadas interiormente, sometidas, manipuladas psicológicamente y castigadas, hasta que aceptaron y creyeron en sus doctrinas.


Millett politiza la vida cotidiana, desmonta los argumentos psicológicos, sociológicos y antropológicos que afirman que la subordinación de las mujeres tiene que ver con cuestiones biológicas y naturales, aclara que en realidad “el sexo es una categoría política como la clase o raza”, y define la política sexual como el poder que ejercen sobre las mujeres las instituciones que gobiernan, también expone que como las han excluido de la esfera pública, resulta sumamente difícil participar en un espacio que está configurado por y para hombres.


En la crítica literaria feminista que hace sobre las novelas de Henry Miller, Norman Mailer y D.H. Lawrence, explica que la heterosexualidad, el machismo, la misoginia, la violencia y la virilidad que estos autores glorifican en sus obras, ayudan a establecer los valores dominantes en la sexualidad y en la sociedad, en tanto que los mitos y la religión, reafirman la idea de que las mujeres son impuras, pecadoras, malas y están locas.


Las aportaciones de Millett me han ayudado a tomar consciencia y entender que las experiencias personales de las mujeres tienen en común la violencia patriarcal en sus distintas formas, y por eso, las feministas adoptamos una posición política en contra del sistema que nos lleva a cuestionar el androcentrismo y falogocentrismo, la educación y la heterosexualidad; a romper los paradigmas que perpetúan las opresiones; a reformular políticas públicas con perspectiva de género; a crear redes de apoyo; a luchar por derrocar al patriarcado y transformar radicalmente el pensamiento y la sociedad, para retomar el control de nuestra sexualidad y reproducción, para ser, pensar, expresar y vivir en libertad, o como diría Kate: para que lo personal deje de ser político.



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Me llamo Mónica, soy feminista, vegana, activista y diseñadora, a través de la ilustración desarrollo un discurso político para agrietar al patriarcado. Creo en la sororidad, la diversidad sexual y corporal, en el derecho a decidir sobre nuestras cuerpas, y en el antiespecismo.

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